En estos capítulos de la Torá, que fueron revelados por Dios al profeta Moisés, descubrimos la relación de Dios con los profetas Isaac y Jacob. Estos capítulos nos enseñan paciencia y confianza en Dios a través de sus vidas.
El profeta Jacob fue un hombre que enfrentó muchos problemas a manos de su hermano Esaú y su suegro Labán. También viajó de país en país en busca de consuelo y de la presencia de Dios.
A pesar de todos estos acontecimientos, Dios no se olvidó del profeta Jacob. Al contrario, lo protegió, lo bendijo y le concedió abundantes riquezas.
La vida del profeta Jacob simboliza a una persona que huye de los problemas del mundo, de la gente y de los pecados para buscar a Dios.
Finalmente, estos capítulos nos cuentan los nacimientos y las vidas de los hijos del profeta Jacob.
El profeta Jacob es un hombre de quien aprendemos fuerza, paciencia, sabiduría y obediencia a Dios en todo. Por eso Dios cambió su nombre de Jacob a Israel, que significa ‘El que luchó con Dios’.
Descendientes del profeta Abraham
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